martes, 10 de julio de 2012

¿Cómo podemos ayudar a nuestro sistema digestivo? (Parte 2ª/1): recomendaciones.




“Si se cree conveniente, es recomendable tener al día sobre este asunto a nuestro terapeuta para que pueda aconsejarnos. Ya que las decisiones son nuestras, está bien que nos respaldemos por alguien que nos de buenos consejos”

En la primera parte hemos podido comprender algo más nuestro sistema digestivo; por ejemplo, en qué nos beneficia su buen funcionamiento; haciéndonos cargo, al menos en parte, sobre cómo influye en nuestro estado y qué es normal en nosotros o no.

En esta parte, tenemos algunas recomendaciones para no perjudicarnos, y, si es posible, mejorar a partir del cuidado de este sistema.

Si no has leído la primera parte, te recomiendo que lo hagas; ya que, si tienes un poco de información sobre el tema, comprenderás mejor, si cabe, el porqué de estas recomendaciones.

Recomendaciones para tener un buen sistema digestivo:

Antes de nada: necesitamos observarnos (escucharnos, observarnos o sentirnos, lo que más nos guste), para poder personalizar lo que hacemos. Y conocer de esta manera como nos sienta lo que tomamos; no creándonos hábitos que tengan que ver más con modas pasajeras que con nosotros mismos.

Comer:

En la medida que podamos, es recomendable evitar los alimentos que nos sienten mal, creándonos: gases, pesadez, hinchazón, etc. (ver artículo anterior).

Estos aumentan el esfuerzo de nuestros órganos para digerirlos, y producen reacciones de exceso o carencia de tensión; en las que sustancias como, por ejemplo, ácidos y enzimas, entran en desequilibrios que pueden producir otros problemas.

Además, como pudimos comprender en el articulo anterior. Nos producen un desgaste o gasto de energía, que causa problemas que, en principio, no relacionaríamos con la alimentación y la manera en que la procesa nuestro cuerpo; complicando la tarea de encontrar su solución.

En ocasiones, sentimos que si dejamos de tomar ciertas sustancias o alimentos, hacemos algo mal  o nos va a faltar algo muy vital e importante. Necesitamos tener en cuenta que, nuestro cuerpo está acostumbrado a ciertas sustancias o alimentos; a realizado un aprendizaje sobre ellos (creencia, emoción, respuesta corporal, sistema inmune, etc.), necesitando un periodo de des-aprendizaje (un nuevo aprendizaje). Y tener en cuenta que, quizá, el valor que damos a un tipo de alimento o sustancia, puede que sea mayor del que tiene realmente para nosotros.

En ocasiones tendemos a creer en ellos y sus virtudes de manera un tanto ingenua; pero, posiblemente, porque los medios publicitarios los promocionan constantemente a través de múltiples vías; y, comprensiblemente, les hacemos un hueco en nuestra vida: ¿porqué no fiarnos?; pero ¿es realmente buena para mí esa sustancia o ese alimento?.

Puede que para una gran cantidad de personas si lo sea, pero, ¿para mí lo es?. Lo que sienta mal sienta mal, y no debería ser tomado sin preguntar antes a un experto. Sin embargo, también podemos utilizar la oferta en nuestro favor, ya que siempre podemos encontrar alternativas que cubran nuestra necesidad de cuidarnos auténticamente sin hacerlo de una manera dogmática.

Así que, es recomendable personalizar nuestra alimentación para conocer lo que realmente nos viene bien a nosotros.

¿Cómo podemos hacerlo?

Una de las maneras más interesantes es la dieta de incompatibilidades alimenticias realizada por un experto. Pero si no tenemos prisa, siempre podremos hacer un ensayo y error, en el que empecemos apartando un alimento que creemos que nos puede estar sentando mal; y, con el tiempo, comprobar los cambios que se producen (si se cree conveniente, es recomendable tener al día sobre este asunto a nuestro terapeuta, para que él pueda aconsejarnos. Ya que las decisiones son nuestras, está bien que nos respaldemos por alguien que sepa como hacer, y nos de buenos consejos).

Será importante tener en cuenta que, con un cambio en la manera de comer, se producen efectos que en un principio pueden pasar por un empeoramiento; sin embargo, desaparecerán al transcurrir un tiempo. Muchas veces se tienden a interpretar de una manera errónea; así que tendremos que pasar por un periodo de aprendizaje.

Algunos alimentos que suelen ser bastante problemáticos en este sentido, son:

  • Azúcares (hay un gran exceso en la alimentación y en ocasiones el cuerpo no puede más con ellos).
  • Muchos tipos de lácteos (hay muchas alternativas y alimentos que tienen mucho más calcio y vitamina D, que un vaso de leche).
  • Levaduras (suelen provocar un desequilibrio en la flora probiótica (bacterias buenas para el organismo, a favor de las bacterias no probióticas.).
  • Vinagres.
  • Abuso de carnes, vegetales o frutas.
  • Alcoholes.
  • Bebidas gaseosas.
  • Sal.
  • Ajo.
  • Cebolla.
  • Embutidos.


Cuidado con el abuso de los antibióticos (esto nos lo dicen a diario los expertos. También hay que tener en cuenta que, además de tomarlos por la vía normal, aparecen en nuestra alimentación a través de la ganadería tratada con ellos, por lo que siempre es recomendable que la carne sea de “ganadería biológica”).

Ejercicio:

El ejercicio estimula el movimiento del alimento a través de nuestro sistema digestivo.

Mejora el tono del sistema nervioso en general, y por lo tanto, la musculatura de las paredes de los órganos y de sus esfínteres reacciona mejor a las órdenes que envía el cerebro.

Otros músculos que se benefician del ejercicio, son los de la zona abdominal, que, como una faja, contienen a las vísceras y órganos del abdomen en su lugar, facilitando su funcionamiento.

Además, como sabemos todos, el ejercicio mejora la circulación haciendo posible que los alimentos lleguen a todas los órganos del cuerpo; entre ellos los del mismo sistema digestivo.

También procura una mejor limpieza del cuerpo, expulsando los alimentos tóxicos o alérgenos que se encuentran en él.

Eso sí, nos es muy recomendable hacer ejercicio inmediatamente después de la comida, porque la sangre retirada de las vísceras a los músculos, es necesaria para hacer la digestión.

Hacer caso a nuestro reloj personal: ritmos circadianos.

Es necesario tener en cuenta que los horarios biológicos o ritmos biológicos de cada uno, pueden hacer que se prefiera desayunar o no a una hora en particular; así que será necesario tenerlo en cuenta para no forzar el cuerpo a un trabajo para el que quizá no esté preparado en ese momento.

Sintámonos. No es necesario forzarnos a hacer algo que el cuerpo no nos pide. Si pensamos que es hora de desayunar y que “el desayuno es la comida principal del día”, posiblemente tengamos razones, pero puede que a nosotros no nos venga del todo bien; nuestro cuerpo nos hace sentir que no es el momento. Preguntemos a un experto para que nos ayude a descartar un posible problema real; y si no lo hay, hagamos lo que nos pide el cuerpo.

Es necesario descubrir nuestro ritmo (recuerda: escucharnos, observarnos o sentirnos), e intentar actuar acorde a él para obtener el beneficio de tener un reloj en hora y que este sincronice todo el organismo.

Alimentarnos ocupa muchas horas de nuestro día e invertimos mucha energía en ello, por lo que parece un importante punto de partida para “sentirnos en hora” (ver artículo anterior y biorritmos).

Podemos sentirnos “fuera de hora”. No siempre podemos coordinar los diferentes planos de nuestra vida. Ritmos de trabajo, relaciones, horarios de restaurantes, etc. Antes de luchar contra un sistema que es como es, al menos de momento. Necesitamos aprovechar lo que tenemos para compensar estas carencias; se trata de utilizar el mismo sistema a nuestro favor.

El mismo sistema que parece quitarnos tiempo, nos puede aportar un gran número de recursos para recuperar el equilibrio perdido: terapias, dietas, etc.

Todo en el cuerpo está relacionado.

Cada tramo del sistema digestivo influye directamente sobre el siguiente. Cuando tenemos un problema de PH en la boca, podemos tener problemas de bacterias en el estómago, ya que el exceso de acidez en boca hace que se generen más bacterias en esta, que a su vez pasan al estómago. Antes de tratar el estómago, sería importante hacerlo con la boca.

El sistema nervioso vegetativo, controla el movimiento de las paredes los órganos abdominales. El movimiento es básico para el transporte y digestión del alimento; si se produce un aumento o una disminución del tono del sistema nervioso, podemos tener problemas a la hora de procesar el alimento, además de producirse un estancamiento de la sangre venosa (el abdomen aumenta su volumen y se ve hinchado). El sistema nervioso vegetativo es coordinado en gran medida por el hipotálamo (“director” del sistema neuroendocrino), que está muy ligado a las emociones a través de su relación con el sistema límbico.

Cuando sufrimos emociones que nos ponen en exceso o defecto, y lo hacemos de manera constante; podemos empezar a tener problemas digestivos: pesadez, ardor, gases, etc.

Todo esto, no hace más que poner de manifiesto la relación que opera entre las diferentes partes de nuestro cuerpo. Es lo que necesitaremos tener en cuenta a la hora de mejorar cualquier problema relacionado con nuestro sistema digestivo.

Más artículos sobre el tema:



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2 comentarios:

  1. Hola.
    Un buen artículo. He podido leer el resto de la serie, y ahora comprendo mejor la procedencia de algún que otro problema que empecé a padecer hace un tiempo. Seguiré la mayoría de las recomendaciones que aparecen en ellos, porque creo que me vendrán bien.
    Un saludo y gracias.

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