jueves, 28 de junio de 2012

¿Cómo ayudar a nuestro sistema digestivo? (Parte 1ª/ 2): ¿Cantidad es igual que calidad?



“Al comprender como se porta y lo que quiere nuestro sistema digestivo, podemos conseguir un buen estado físico, energético y emocional.”

En el post anterior nos podemos hacer una idea aproximada sobre el tipo de relación que tenemos con nuestro sistema digestivo. Lo que explica de alguna manera, los posibles problemas que tenemos o podemos terminar teniendo (para leerlo puedes pinchar aquí). Todo, con el objetivo de mejorar nuestra capacidad para vivir a través de mejorar esta parte de nosotros.

Al comprender como se porta y lo que quiere nuestro sistema digestivo, tenemos la oportunidad de conseguir un buen estado físico, energético y emocional.

Todos entendemos, porque así lo aprendimos, que los nutrientes se encuentran en el alimento, y que para conseguirlo debemos ingerirlo. Por esto, es lógico el interés y la importancia que se le da a lo que tomamos; entendemos que: “ya que no todo el alimento tiene el mismo tipo de nutriente, la variedad y cantidad son importantes”.

Lo que no se suele tener tan en cuenta, es otro elemento de la ecuación: cómo procesamos el alimento.

Entonces tenemos:

  1. Cantidad.
  2. Variedad.
  3. Capacidad para procesar el alimento.


El tipo de alimento nos proporciona la oportunidad de elegir un nutriente específico para cada necesidad.

La  variedad y la cantidad hacen posible que de ese u otros componentes, tengamos disponible una cantidad suficiente.

Y el tercer elemento, la capacidad para procesarlos, nos aporta la seguridad de que lo que comemos, no solo será asimilado y utilizado por nuestro cuerpo (convirtiendo en útil el esfuerzo que tuvimos que hacer de búsqueda de comida, ingestión y digestión de esta), si no que, además, no nos hará daño.

¿Cuenta la información en sí, o lo que se puede utilizar de esa información?

Cambiar uno de los tres elementos de la ecuación, hará cambiar el producto y resultado: nutrirnos correctamente.

¿Contaron las horas de estudio, o, además, y de manera transcendente, 
lo que consigo retener de lo que estudié?

Seguro que nos parecerán obvias las respuestas, pero si nos las planteamos en el ámbito del sistema digestivo, podremos ver que, quizá, no siempre actuamos con tanto sentido común:

¿Somos lo que comemos (como dice el refrán), o, además y de manera muy importante, lo que podemos procesar de lo que comemos?

Venimos de una época (la de nuestros abuelos), en la que existía la carencia de uno o varios alimentos. Hoy en día, en occidente, no tenemos este problema en relación a la cantidad, si no más bien, en relación a la calidad.

No todo lo que metemos en nuestro sistema digestivo es digerido y asimilado por este.

Puede ser que parte del alimento quede sin ser asimilado, y, aunque tomemos las cantidades y la variedad correcta en nuestra alimentación, tal vez, no estemos nutriéndonos suficientemente porque en alguna de las fases de la digestión, el nutriente no pudo ser extraído y añadido a nuestro cuerpo de la manera más correcta posible.

Sin embargo, el cuerpo siempre tiene que invertir una energía y hacer un trabajo de digestión de todo lo que comemos, y no siempre consigue obtener un resultado beneficioso para nosotros. Invertir mucho  y sacar poco, es la semilla para que poco a poco aparezca un desgaste y agotamiento.

Es fácil comprender la necesidad de “acudir puntualmente al baño”; de hecho, no hacerlo puede ser el primer síntoma de que algo no va bien (si no es ahora, lo será en un plazo de tiempo no muy largo, ya que el cuerpo necesita deshacerse de todos los desechos para no quedar intoxicado).

No obstante, comer variado e ir al baño "puntual como un reloj", no es, necesariamente, un sinónimo de estar cubriendo nuestras necesidades correctamente. Por lo que necesitaremos también, valorar la capacidad de nuestro sistema digestivo para asimilar el alimento.

A menudo creemos que comiendo variado o “de todo”, y yendo al baño con regularidad, estamos cubiertos; porque significa que tenemos todo tipo de nutrientes y que eliminando lo que no sirve estamos limpiándonos.

Pero en muchas ocasiones esto no es así, ya que para conseguir todos los nutrientes del alimento: este tiene que estar bien digerido, transformado, y a de poder atravesar las paredes intestinales para pasar al torrente sanguíneo.

Sin embargo, una mala digestión del alimento hace imposible que a su llegada al intestino este pueda absorberlo, pasando finalmente a ser expulsado si haber extraído de él todo el nutriente.

Es tal la importancia de esta capacidad de proceso del sistema digestivo para ponerse en marcha y realizar su labor correctamente, que cuando falta, se pueden empezar a dar muchos de los problemas que conocemos relacionados con el alimento, y además, muchos otros que todavía no estamos acostumbrados a relacionar, pero que cambian cuando se produce un aumento o una disminución en esta capacidad. Algunos ejemplos son:

  • Hinchazón de abdomen.
  • Gases
  • Retención de líquidos.
  • Dolores de cabeza.
  • Dolores de espalda.
  • Cansancio.
  • Somnolencia.
  • Insomnio.
  • Desequilibrios en la tensión arterial.


Hasta aquí hemos podido comprender la importancia que tiene para nuestro cuerpo la capacidad del sistema digestivo para procesar el alimento, justo complemento de una alimentación equilibrada en cuanto a la cantidad y la variedad, haciendo que el esfuerzo dedicado a estas, sea realmente útil y no caiga en saco roto.

En el siguiente post, intentaremos dar una respuesta a esta pregunta: ¿Dónde debemos poner la atención para mejorar nuestra capacidad de proceso?

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